Tishe!


Tishe!, el extraordinario documental de Kossakovsky se abre con una de sus fuentes motivadoras: la primera toma fotográfica realizada por Niepce desde el puesto de observación de una ventana. Por detrás pulsa el relato de Hoffman "La ventana esquinera de mi primo" como segunda excusa inspiradora. Hasta aquí llegan las filiaciones. Porque si Hoffman es maestro en introducir lo extraño en lo familiar, Kossakovsky lo es en el arte de convocar lo maravilloso en lo cotidiano.

No hay renuncia al humor ni a la poesía ni a la rítmica silenciosa de las modulaciones estacionales que le confieren a los recortes una temporalidad cercana a la que rige la escritura de un haiku. También están presentes los maestros: el Sokurov de "Voces espirituales". Y Tarkovsky.


Debo agradecer a Nina Blok la llave para acceder, hace unos años, al mandala de Kossakovsky: Tishe!


No hay comentarios: