Mostrando entradas con la etiqueta Patricia L. Boero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patricia L. Boero. Mostrar todas las entradas

Trotstomo

Navegación

de quilla hendida

inmóvil


poco tendrán

que reparar

cuando se parta

en dos


todo barco

hace agua,

nos dijeron,

sin necesidad

de vendavales.


si el horizonte

nos niega

su promesa

la mirada

despejará sus caminos

hacia adentro


llegar

o nunca haber estado


partir

o dejar que las cadenas

hagan lo suyo

por lo bajo


anclar

se ha transformado

en un riesgo nada

calculado


TROTSTOMO

-el barco destrozado-

sólo finge avanzar


y el ancla tira

como los mil demonios.


Inesperado

Viene el cuerpo y te dice
 
te bruscamente hilvana un freno
 
un puñal de vida lenta
 
Una almena de halcones
 
        —fiebre, fiebre—
 
te vende por el precio
de unos labios resecos
un preludio de infierno
 
te amansa todas las verticales
 
te tiende.

Velo

Tú vienes de la noche
de la más baja soledad del verbo
quieto
sin más que agradecer
a la lejana
estrella
que su temblor
su lengua sin aristas
y hasta al azar del ojo
ciego
la tenue exactitud
la indeclinable llama


pasa
y pulsa las cuerdas


pasa y se queda
desatando
debajo de la noche
de la cual tú provienes
como el aire y el agua.

Tú que hacia el día ibas
desde la oscuridad
del verbo solo

tú que viste cubierta
tu lámpara nocturna
con las ajenas aguas del desprecio
y declinaste tu voz bajo las piedras
como quien hila la promesa
con labios secos y tierra prometida
 
tú, el más cercano en el temblor
de la que pasa
y desata en penumbra las cuerdas
de los fondos
 
no preguntes

hay sólo una palabra
que gira eternamente
en torno de su boca
 
es su heredad

lo que el poema alumbra

lo que calla.

A Philippe

Tú no puedes morir. Te está prohibido.
La belleza, el dictamen del luminoso ardor,
la infancia pura donde alienta la sangre
te han marcado.

Tú no puedes morir ni darte el abandono
su estocada final.

Desafía la cuerda la puntual despedida
y el tiempo —esa emergencia oscura que linda
con el barro— termina de caer.
Por tu garganta sólo la aurora existe
y existe la promesa, el alba, el don del aire

que nos vuelve a habitar
como entre sueños la voz que susurraba:

Ya estás donde estarás.
Aquí es tu casa.
Tú no puedes morir.

* * *

Una ignorancia es puente si no caigo
a las aguas de la figuración.

Yo no me miro en ti,
sólo te miro
y eso es veneración: esta distancia
que confía a la mirada muda
y al canto la suerte de este viaje.

Yo no me miro en ti.
Yo no me escucho.
Yo padezco tu voz
como padezco la gracia de este mundo:
con el gozo tenaz de un animal de paso,
con la secreta insignia que portan los caídos,
y con mi humanidad.

Yo celebro tu voz que se ha quedado
Con su tenue espesor
Acorralándome.

* * *

Y tú estabas allí
en uno de los incontables escenarios
que te vieron robar
el fuego puro.

Y tú estabas allí
y aquí nosotros
felizmente cercados
por el aire
y la gloria
que no se puede asir.

Y tú estabas aquí.

* * *

La música es mi graciosa compañera.
La música que hiere.
La única música
que yo espero alcanzar

* * *
Ahora es nuestra vida
en la eterna presencia del misterio.
Tú no puedes morir
mientras ejerzas
el blanco oficio del que pule
de todas las muertes las aristas
con la dulce paciencia
del niño que cantaba.

+ 18 de septiembre de 1954

"Admiro de Reverón la crisis de la mirada"
John Elderfiel

"Buenos días, mi luz"
J.A. Valente

* * *



Alguna vez

que aún se llama esta vez

        - Es hoy. Je vous salue -

en un país donde las palabras

fueron una sola

el verbo ardió


Ataron con suavidad sus ojos a la zarza

y una mano escribió en la piel

su nombre: Sulamita


Secreto oscuro entre clarísimas

mitades


El ángel en la penumbra dijo:

vinieron del valle

a Punta del Mulato

a buscar el tiempo de dulces cacerías


Soledad sin disturbios

costado en el costado

de la fruta y la boca

            - un vers de pur néant-

Sean. Así.


Ambos entraron hasta el fondo

de la blanca luz tiznada de Macuto


y el tiempo se llenó.


Hay algo

que aun en la más pura transparencia

busca ocultar sus pasos


No es para ver

su don


(2000)

De 1998

cámara lenta


En el puro instante de la fuga

cuando todos corran

con sus niños a cuestas,

con sus muebles para repartir,

con sus cachorros de raza,

en el momento de la exhalación,

cuando todos pidan sus rosas,

sus memorias en alto,

sus últimas palabras,

en el momento de la destrucción

cuando todos quieran escapar de su dolor

más próximo,

de su noche,

de su crispación,

del aluvión que viene,

en ese puro instante

tú sólo verás

la flor y su osadía por crecer,

el señuelo que te puso Dios

y la palabra FIN.


Patricia Boero

(1998)

* * *

Lugares



Del lado de acá
está el para siempre,
El no saber que un día
seremos olvidados por las palabras.
Eso se llama muerte
(cuando dejemos de decir)

Del lado de allá
está el instante,
lo fugaz que permanece.
Eso se llama vida:

la oscuridad hendida por la chispa
de un fósforo
que nunca pudimos encender
del todo.

Patricia Boero
(1998)

* * *

Razones



En la desolación de un campo
en llamas
algo sucede siempre:
el canto de la lluvia
cayendo sobre todo
o el canto de la ausencia
cayendo sobre nada.
A veces entre la sombra se atisba
el alba de lo venidero
(como oler la lluvia antes del agua,
como presentir,
como leer señales)

Salgo a cercar el mediodía
un verano que ancle hondo
- la ceremonia de esperar el agua
de rodillas-
Salgo a rodear el círculo más claro
en ignorado paradero.

Yo moriré cantando.


Entre paréntesis

Sólo por haber profanado

 en el real sentido

 de la palabra transparente

 el destino de un verbo

 raptado

 por la virtud dudosa

 de insistir

 lo que llamamos poema

 deja de ser

 moneda y ripio

 costumbre

 demasía


 Atanor de la voz

 primera letra


 Todo está aquí

 donde no cabe el ojo


 También

 la inconmensurable levedad.


 Patricia L. Boero
 mayo2005





Camino de Damasco

Por el cansancio de haber sido soldados

con el diestro cauterio del domador

de incendios

-cada llaga de luz con su correspondiente prescripción
de 'no te propagues ni prodigues y mucho menos
te transformes en manatial, surgente aurora'-

algunos animales se quitan poco a poco la piel

y en un acto de arrojo

abandonan el corro de otros muchos perplejos animales

y se lanzan desnudos

tras la distante caravana de hombres azules

-esos que arden arenas, esos que comen rosas-



En la cureña de sus ojos llevan en andas su deseo

como en una procesión:


que me beba tu sed

que el dolor sea compuerta

de una serena coincidencia en el desierto


Una es la noche

para aquellos que fueron tienda y peregrinar:

arco de extremos tensados por la cuerda de un idioma común


Toda sombra es humana cuando se encienden las fogatas

y preludio de lluvia

rogativa

cada palabra destinada.


Patricia L. Boero
mayo 2005

Scardanelli

Por amor a la luz

entró en la luz mintiendo.

Dijo: es locura

la lengua de la zarza.


Para este cielo en llamas

donde fracasa

gozosamente el verbo

un solo buen ladrón

es suficiente.


Multiplique tu voz

el ronco acento

de las cuerdas cortadas

la ocasión del oído

y su espiral sensible

el rastro de extrañeza

en leve invierno

y se acerquen tus pasos

a la casa

del animal callado

en el claro habitable

a la sombra del árbol


enlazado

con esta humana sombra

tan huérfana de Dios

como tú mismo

por dulce compañía


que tu sierva te escucha.


Patricia L. Boero
diciembre 2005

En vela


Dejó a la sombra
confiar su sigiloso movimiento de fuga
—mira el oleaje y su dirección interceptada,
mírame no mirarte—
al perfil improbable de una costa de plata.

Allá no hay nada, dijo, nadie
más que sueño, prolifera extraviada
la espuma del sentido, guijarros cual indicios
de sucesivas fundaciones
—allá no alienta mi palabra.

Dejó encallada la deidad que distingue y separa
música de aire vibrante, cuerdas de canto,
tañido de campana, hasta llevar al mundo
a su condición de observatorio.

De él, solo entre verbos ásperos,
la lengua desatada y dulces juegos
si atravesado el pórtico
bajo tierra durmieran hálito y verdores,
si entregado a un vislumbre
sobre extendida sábana la selva lo asediara.

Para la tenue huella de luz que ahora enciende
la procesión nocturna de los peces,
la práctica del sol es un don sustraido.

Mas en este palacio de agua muda
la marea hecha cielo dispone el íntimo refugio
de un antiguo jardín petrificado
donde hundir el sedal.

El cebo de toda esa blancura
he de ser yo.


Karesansui


Se cumple la heredad, se abren los puentes

al instante abismal y a la carrera
por ínfimos crepúsculos el día se abandona
como el agua en la estela
del cántaro del mar.

Todo se ha de borrar del predio de los dioses:
la plegaria y las cuentas,
los cristales finísimos que sostienen las aguas,
el deambular de sangre de peces invisibles.

Todo se ha de borrar menos la arena
y en la arena la flor y bajo los jardines
la tenaz insurgencia del río y sus palacios.

Los hábitos de sombra se adormecen.

Con letras diminutas sus móviles terrestres
desagotan el tiempo.


Excursiones al campo / 3


El mundo es este campo sumergido
en barro elemental y frutos rojos.
Linaje de intramuros que no brinca la cerca.
El arte del sujeto al enigma vacío del letrado.

En salas de inmensa claridad
concurren las miradas como en el pueblo el roce,
la música interdicta y un largo territorio
de promesas.

Afuera el aire escupe expertos,
señas particulares y el rostro impresentable
del venal estadista.

En la colonia la noche suelta sus caballos de plata
mientras el miedo atávico a lo oscuro
organiza el desdén
del ciudadano.

Adentro es también vástago de sombra.


Excursiones al campo / 2


El asco tiene rostro y se enmascara
de legítimo ardor.

Afuera llueven restos de un orbe miserable.

Adentro, en la colonia, los ojos se uniforman
por obra del dictamen.
Una rara hermandad surge del fuego,
la innegociable luz niveladora.

Por la indistinta gracia del cerrojo,
relicario común,
el cuidador se alinea con la suerte
de la pieza cobrada en cacería.

Se incluye en el recuento como un fiscalizable.

Los índices ordenan las fronteras
hasta que el hambre de un oído
derrumba la estadística.

En la colonia, la piel de todo el mundo se parece.
De allí la conclusión.

La piel es superficie del estigma.

Y el mundo
es este campo.



Excursiones al campo / 1


En la colonia el viento comparece.
Filtra el aliento de súplicas comunes
la roja simetría de la puerta metálica.

El blanco rebautiza
con brevedad contigua
y destreza observante del detalle
cada perfil novicio dado a nacer
de nuevo.

En este apartamiento
algo se precipita.

La historia en el susurro de entretiempos
muestra vértices romos.

Vigía y confinado pueden morir de asfixia
con notable igualdad
también el niño —que visita a su padre—
cuyo patio de juegos
termina donde se alza el filo del perímetro.

Adentro es también mundo ajusticiado
cuchillos para el pan y para el duelo
y una legión de penas que no traspasa el muro.

Adentro es sombra anónima.

Afuera purísimos pastores alientan los espasmos
de nobles ciudadanos con prontuarios sin mácula.

Preparan una guerra
dudosamente santa.

El asco tiene rostro.


Viajar de noche


Desde hace semanas tengo un sueño recurrente.

El argumento cambia, la circunstancia, el escenario.

Sólo una constelación de elementos permanece. Y una impresión de extranjería.

El sueño se relaciona con 'Oculto entre las hojas'.

No lo escribí este año.

Este año es el sueño lo escrito.



Oculto entre las hojas



Soy el tenzo


hago el hielo, la hoguera
el vibrante deseo de las bocas.

Libro un diestro combate
contra la cifra exacta
de la muerte.

Persevero en sus huecos,
disminuyo
hasta rozar al animal oscuro
del antiguo jardín
la niebla luminosa.

Conozco el hambre
elemental, la sed callada
y el puntual desconcierto
de los hombres.

Soy el tenzo
y traiciono.

Abrí hacia el cielo
el pecho de mi último señor
le di a beber el agua del soldado
un suelo de arrozal
donde no se posaran
las aves migratorias
con ajenos decretos
y mi perdón magnánimo

hundí el cuchillo
hasta alcanzar su verde corazón

y vi saltar mi sangre retenida
en el perímetro
de vuestras prescripciones

yo fui el ajeno
su hermano
su testigo.

El tajo eran mis ojos.

Aún duelen en mi carne
las rosas que comimos
las flores que aguardaron
la estación de los justos
y vivieron cercadas
en el huerto
por nuestro miedo
a la belleza.

Soy el tenzo
y desnudo
mi naturaleza verdadera
ante vosotros
mis fiscales
mis árbitros purísimos
mis reincidentes muros.

No espero en vuestra luz
sino en aquella herida.


El espejo es incendio, Marguerite (La Porete)


El dios de los caballos me acorrala

de la serie 'La nostalgia del reino'
Copyright © 2009 Patricia L. Boero

para verla ampliada, click AQUÍ

El día del discurso


El día del discurso, originalmente cargada por Patricia L. Boero.

Copyright © 2009 - Patricia L. Boero



Esta fotografía pertenece al Álbum 'Ritos y Misterios'. Para ver un Slideshow, pincha AQUÍ

A la espera del Dragón


A la espera del Dragón, originalmente cargada por Patricia L. Boero.

Año nuevo Chino —búfalo—(4707 ~ 2009) en el Barrio Chino de Belgrano,
Buenos Aires, Argentina.