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Silencio sin prestigio

















No sé cómo recomendar esta película (y otras) sin que el paso de quien me lee sea interceptado por un estereotipo. Hay mucha literatura sobre el silencio. Los místicos, a los que se les supone una amplia experiencia sobre el tema, no dejan de hablar de ello, ni de poetizarlo, transmitirlo y sumar símbolos a la extensísima cadena.

Hay, además, un rastro equívoco que el silencio traza cuando se lo tematiza: su presunta exterioridad, su afuera. El afuera que debe carecer de ruido/sonido (o reducirlo) para que el silencio se realice. Una imposibilidad. No era necesario esperar las demostraciones de John Cage en la cámara anecoica para darse cuenta de que el mundo era una partitura inevitable y, a veces, una superposición inconexa de ruidos en los que la presunta armonía sólo es producto de la saludable incapacidad humana de escuchar todo en el mismo plano. Si sólo hay silencio donde no hay atmósfera y donde no hay atmósfera no hay vida tal como la conocemos, también escuchar todo y en el mismo plano es la horrible capacidad de los ángeles de Wim Wenders. Algunos prefieren perder su condición ángélica y su oído omnipresente para humanizarse.

Esta película no es sobre el silencio exterior ni el interior, ese que tiene tanto prestigio. El Gran Silencio está repleto de pequeños sonidos: el que hace un carro que reparte la comida al deslizarse por el claustro, el que hace la tela cuando se la corta sobre la mesa, el que hacen los gatos cuando un monje los llama, el del agua de la cocina o la rasuradora de la barbería, la leña, el cencerro de las vacas, la nieve, el canto, la campana. Tampoco es una película religiosa. El Gran Silencio es otra cosa que no es la gran mordaza.

Su director, Philip Gröning, quien se declara ateo, quiso filmar un documental del día a día de La Grande Chartreusse, el primer monasterio cartujo fundado por San Bruno en el año 1084 en Isère (Francia), a pocos kilómetros de Grenoble. Cuando hizo la propuesta le respondieron que aún no estaban preparados. Dieciséis años después le anunciaron que ya era el momento. La filmación requirió cumplir ciertas condiciones: sin luz artificial, sin edición de sonido o música, apenas con un asistente de cámara, sin entrevistas. Un must de la teología negativa (si acaso hubiera teología en el film. Afortunadamente, tampoco la hay)

Se estrenó en 2005.

Trailer

































































El cine que se escucha / I

Algún día tendré que escribir un artículo sobre cine. Uno donde pueda agradecerle el haber ejercido, entre otras, la función de maestro de música.

Muchos de mis discos atesorables llegaron porque el cine los puso delante de mí.

Gracias, Werner Herzog, por tu "Nosferatu" de 1979 y por la música tradicional folklórica georgiana.

Tsintskaro por Ensamble Gordela

Tsintskaro, por Hamlet Gonashvili y el Coro Rustavi

Tishe!


Tishe!, el extraordinario documental de Kossakovsky se abre con una de sus fuentes motivadoras: la primera toma fotográfica realizada por Niepce desde el puesto de observación de una ventana. Por detrás pulsa el relato de Hoffman "La ventana esquinera de mi primo" como segunda excusa inspiradora. Hasta aquí llegan las filiaciones. Porque si Hoffman es maestro en introducir lo extraño en lo familiar, Kossakovsky lo es en el arte de convocar lo maravilloso en lo cotidiano.

No hay renuncia al humor ni a la poesía ni a la rítmica silenciosa de las modulaciones estacionales que le confieren a los recortes una temporalidad cercana a la que rige la escritura de un haiku. También están presentes los maestros: el Sokurov de "Voces espirituales". Y Tarkovsky.


Debo agradecer a Nina Blok la llave para acceder, hace unos años, al mandala de Kossakovsky: Tishe!


Domésticos dioses del desierto


Byambasuren Davaa nació en 1971 en Ulaanbaatar, Mongolia. De 1989 a 1994 trabajó como ayudante de dirección y presentadora en la televisión pública de Mongolia. De 1993 a 1995 estudió Derecho Internacional en la Universidad de Ulaanbaatar y de 1995 a 1998 estudió en la Academia de Cine de Mongolia. Desde 1999 está asistiendo a clases en la Escuela de Cine de Munich, aprendiendo la técnica de los documentales. El Perro Mongol es su proyecto fin de carrera. El anterior trabajo de esta cineasta fue La Historia del Camello que Llora.


* * *

Profesión de fe: creo en la fecundidad de las arenas. En el privilegio de los ojos. En los animales que nos acompañan en la travesía.

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El perro mongol
(The cave of the yellow dog / La cueva del perro amarillo /
La leyenda del perro amarillo)






Música de Börte Band

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La historia del camello que llora
(The Story of the Weeping Camel)


Música de la corte entre las flores


La primera vez que escuché Gagaku fue en 'Dreams' de Akira Kurosawa, estrenada en 1990/91, en el sueño que lleva por título 'The Peach Orchard". Ignoraba si era un estilo particular de música japonesa, había sido compuesta para ese capítulo de la película o si se trataba de una pieza tradicional. Mucho tiempo después supe cuál era el nombre de esa música diáfana, refinada y llena de sugestión que había quedado asociada en mi memoria a las muñecas y los pétalos.

La evocación viene a cuento porque hace dos meses me regalaron un disco de Gagaku y en estos días en que LaMonse se dedica a mirar flores y yo añoro comenzar a ver hojas, fui a asomarme a su set de fotografías "Kioto Rosa" en Flickr que recomiendo calurosamente visitar.

Al paso de la muchacha que Monse tomó de espaldas puedo escuchar el sonido de las campanillas.





Gagaku

(...) tanto grito de pájaro, / tanta danza en las ramas, / un alma queda sin más peso (...)


Puzzle y música jubilosa para funerales


El fragmento que da título a esta entrada pertenece al poema 'Senza più peso' de Giuseppe Ungaretti, publicado por Aurelio Asiain en Margen del Yodo

Junto a la imagen que provocó la evocación del poeta italiano, dibuja su huella la admiración de Borges por un Japón en el que la alegría no ha sido expulsada del ámbito de lo sagrado y una muy sutilísima invitación de A.A. a 'pasar por allí' como quien celebra el pasar mismo.

De inmediato pensé en esta música. No es la crítica a la película de Kurosawa ('Dreams') ni tan siquiera el sueño de La Villa de los Molinos el tema de este comentario, sino el recorte de un instante de júbilo en el escenario de un funeral.

Vengo buscando en foros y reseñas, sin éxito, alguna confirmación o rectificación a los supuestos de mi oído, tan poco avezado para el idioma japonés, de que la letra de la pieza que interpreta el cortejo (a partir del minuto 1.48) es parte del Sutra de la Suprema Sabiduría (Maka Hannya Haramita Shingyoo):

GYA TEI GYA TEI - (HA RA GYA TEI- HARA SO GYA TEI -) BO JI SO WA KA.

Aunque no me entere, puede que en el puzzle asociativo, que en verdad comenzó con el poema 'La Espina' de Tadeusz Ròzewicz y la polémica en Facebook acerca de los contextos y los límites (indudablemente pertinentes) de la interpretación, tenga cabida, junto a la fotografía, aquello de:


Vamos, vamos, vamos juntos,
hacia el más allá del más allá.

Aquí, la música (a partir del minuto 1.48):